En pocas líneas, los críticos se habían despachado a gusto y habían recomendado al novel Carax que no dejase su empleo de pianista, porque en la literatura estaba claro que no iba a dar la nota.
Acabó de cerrar la noche, pero con tanta claridad de la luna, que podía competir con el que se la prestaba, de manera que cuanto el novel caballero hacía era bien visto de todos.
Precisamente, la sorprendente difusión de las obras de estos autores en la mayoría de idiomas del mundo dio pie para que el fenómeno fuera denominado con un nombre explosivo: Boom de la Novela Latinoamericana.