Su cocinero le solía preparar para la colación, un modesto potaje de habichuelas y de garbanzos, con el que se regalaba y deleitaba aquel venerable y herbívoro siervo de Dios, como si fuera con el plato más suculento, exquisito y costoso.
Hacia el año 700, el monje Benedictino Beda el Venerable, Doctor de la Iglesia, recoge los nombres y atributos de los reyes magos en uno de sus textos.