Entonces levantó el dedo para teclear su código, pero antes de hacerlo se detuvo y enarcó traviesamente las cejas, tal y como solía hacer cuando era niño.
Conque, ni corta ni perezosa, porque era una muchacha traviesa y desenvuelta y un poco cabeza loca, buscó una cuerda, se descolgó de la ventana al suelo y se encaminó a la cueva.